miércoles, 3 de agosto de 2011

Un viaje desde otro punto de vista

Recientemente he tenido la oportunidad de viajar, practicar el idioma y conocer otra cultura, y podría hablaros del alojamiento, la vida en el centro urbano, los monumentos, museos, la noche, las vistas, historia, etc... Sin embargo me voy a detener en ciertas curiosidades de las que uno no suele hablar cuando vuelve a casa y la familia pregunta, porque le parece poco relevantes pero que sin duda son interesantes dado los pequeños detalles que encierra.
En el metro, vi a una chica india de pié y algo apenada. De hecho, estaba llorando disimuladamente. Unos chicos ingleses que venían trajeados, y que posiblemente a la salida del trabajo se fueron de copas, entraron. La chicha hizo sitio. Uno de los chicos se dio la vuelta y se presentó. Ella sonrió y le dijo dulcemente su nombre. Y empezaron una conversación de ligoteo, con las carillas a media sonrisa que se pone en estos menesteres. Después llegó su parada y los chicos se bajaron. Aunque no hubo intercambio de teléfonos, el chico se giró y se despidió. La chica volvió a poner su cara gris... y nos bajamos en la siguiente.
Estaba fumándome un cigarro en la puerta del hotel y vi a dos adolescentes japoneses cómo se abrazaban y besaban antes de emprender su ruta turística. Pensé que era raro que los japoneses dieran muestras de cariño en público, pero al pensarlo detenidamente dejó de resultarme tan extraño ya que estaban en un país lejano al suyo y eran jóvenes. Cuando terminé, me dispuse a coger el ascensor hacia mi habitación y delante de mí presencié cómo otra pareja de japoneses, esta vez adultos, hablaban. Y para mi sorpresa, el le cogió el culo a ella. Ojo, que en mi cultura esto es más normal que tomarse una cerveza... será la forma que tienen ellos de desmadrarse fuera de su país. :)
Preguntábamos a un hombre sobre la venta de entradas a un monumento. De los pocos que no entendí, debido a su fuerte acento. Pero había unos veinteañeros holandeses cerca de nosotros. Así que hicieron de traductores. Cuando les pregunté cómo sabían tanto español me comentó uno de ellos que de “joven” estuvo trabajando en Barcelona dos años y que además tuvo novia, cosa que le ayudó mucho. Acto seguido me preguntó si sabía inglés porque había trabajado fuera. Le sonreí y le comenté que nunca había trabajado fuera de mi país. El me miró superextrañado y me dijo que le parecía raro que los jóvenes españoles no trabajaran fuera para practicar el idioma. “Sí”, le respondí, “es otra de nuestras asignaturas pendientes, hijo mío”.
Estando en un centro comercial lujoso, mirar pero no tocar, escucho a una supermegapija afroadolescente vociferar a su madre que las botas son supermegachulas (costaban más de 800€), con unos andares y aspamientos supermegaguays. Me hizo gracia, de estas conozco muchas en mi pueblo... pero hacen el paripé y luego no se llevan las botas porque realmente no tienen tanto dinero. Cuando me doy la vuelta observo a un grupo de árabes tapadas hasta los ojos... una levantó la manto y al resbalar la manga debía tener entre 24 a 30 mil euros en joyas. “Coño con los petrodolares”, pensé. “Pa mi que éstas sí que se llevan las botas”.

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