martes, 9 de agosto de 2011

Sacrificio voluntario

Dentro de los servicios sociales de esta ciudad, existe una asociación privada cuyo cometido es dar comidas y duchas gratis a los más necesitados. "Sol y Vida" es un comedor que ha pasado por muchos problemas de financiación pero que aún milagrosamente subsiste.
A esto se le une el quehacer impagable de los voluntarios que no fallan ni un día del año en sus desayunos, comidas y meriendas, que no cenas porque corre peligro su integridad física a altas horas de la noche por estos lares.
Estos voluntarios están en un rango de edad de entre 50 a 70 primaveras sin otro interés que la de ayudar a los demás. Son personas acomodadas que bien podrían estar tan tranquilos en su casa, algunos disfrutando de sus merecidas jubilaciones o ahora en veranito, en la playa junto a sus nietos.
Como todas las asociaciones, estiran hasta el último céntimo de euro sin derroches para poder afrontar con garantías la financiación anual que les lleva a tener abiertos y que ha sido amenazada ya en más de una ocasión por los vaivenes políticos, burocráticos y la actual crisis.
Si ya tienen problemas cada uno de los españolitos de a pié de clase media, imaginaos los usuarios de estos comedores... que por cierto, donde había antes un marginado ahora además se le suma todas esas familias de clase obrera que están en paro y ya han agotado todas las ayudas posibles.
Con todo ello, como se puede suponer, el incremento de personas a atender ha aumentado y se han establecido donaciones en bolsas para llevar por no tener sitio o porque simplemente hay personas que pasan vergüenza. Muchos de ellos han tenido que tragarse su orgullo.
Por otra parte, lo que tienen que aguantar estos voluntarios no está en los escritos. Los usuarios se pelean entre sí o se amenazan, situaciones tensas que para cualquier persona joven ya es violenta... imagínate si eres mayor... es fácil que te suba la tensión, te de un ataque al corazón o simplemente te lleves toda una semana con el disgusto en el cuerpo. Y ahora, saca fuerzas de donde casi no las hay ya para volver a empezar el días después.
Y mira que ya han tomado medidas de castigo para que no vuelva a ocurrir, como cerrar unos días, echar a más de uno... pero pasan las semanas y de nuevo se lía. Sin ir más lejos, el viernes se armó una buena. Como mi asociación está justo abajo, primero se escucharon gritos, después golpes, más tarde mobiliario arrastrándose y volando... cuando me disponía a subir ya estaban abajo y me puse a apaciguar ánimos (tampoco es mi primera vez) con distintas técnicas... unas las estudiadas en las aulas... otras en la universidad de la calle.
En fin, que vino la poli y la calle quedó desierta. En ese remanso de paz, cuando me doy la vuelta observo detenidamente, como si se congelara el tiempo, a cuatro de los voluntarios del comedor que estaban en la puerta de mi asociación... imagina a tus padres con una cara mezcla de miedo, tristeza y desilusión.
Este lunes han vuelto a abrir...

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