lunes, 29 de marzo de 2010

La ineptitud en grado supino

Me hago eco de la noticia ocurrida el pasado Viernes 26 de Marzo en una estación de renfe, concretamente, en Villaverde Bajo.
Tres amigos, en silla de ruedas, que llegan a la estación y bajan del tren a las 11:00 pero el ascensor no funciona, y avisan al responsable de la estación y al guarda de seguridad, los cuales no tienen la llave del cuarto de ascensores (empezamos mal).
Cada silla es motorizada y no cabe por la escalera mecánica y al pesar 80 kilos cada una, se hace casi imposible llevarlos en volandas por las escaleras normales (el “casi” lo pongo porque en el sur, si nos lo proponemos, suben.... ¡digo que suben!).
En fin, que estos amigos deciden llamar al 112 y pedir que les recaten. Estos, no pueden acudir pero dan parte a renfe, bomberos y policía.... los chavales estaban muertos de frío (el SAMUR les dio unas mantas a la 1:00... ¿¿¿¿???) e incluso una llegó a vomitar, por no decir que todos quería ir al servicio.
Al final, se presentan los bomberos a las 3:00 de la madrugada, encontraron el dichoso cuarto de ascensores y activaron el interruptor de los coj... ¡tres horas y media! madre mía...
Que digo yo, ¿como es posible que el responsable de la estación o el guarda de seguridad no tenga todas las llaves?
Aunque ocurrió de noche, ¿no se podría haber avisado con carácter de urgencia a un técnico de mantenimiento de Renfe, o a un técnico de ascensores privado?
Dado el problema, ¿no es más fácil que el trabajador de renfe hubiese llamado a un superior para pedir autorización de facilitar a estos chavales un billete gratis a la próxima estación (que tengo entendido que no está lejos) donde hubiera un ascensor, y después haberle pagado un taxi de vuelta al origen?
¿Es que no han avisado desde el 112 a los responsables de renfe comunicando un problema bastante serio como para no pensar en este tipo de medida urgente?
Y por último, ¿donde coño se ha metido todo el mundo durante tres horas y media?

viernes, 5 de marzo de 2010

Amor prohibido

Vamos a subir el tono un poquito, ya que un usuario de mi asociación al que le gusta la poesía me señalaba que cuando se habla de amor, le daba la impresión de que todo lo que leía le parecía, cuando menos, cursi. Yo le comentaba que sin esto (aunque fuera un poco) realmente no sientes (o no has sentido) amor. Es un elemento más del estado "carajote" en el que nos encontramos cuando ocurre.
Como estaba en desacuerdo, me retó a ver si era capaz de escribir sobre el tema, pero que no fuera tan ñoño. Así que modifiqué un pensamiento que tenía guardado en el cajón sobre la pasión, añadiendo una dosis de morbo al tratar de dos personas que no pueden amarse... o por lo menos que no deben.
Que los entendidos en poesía me perdonen por mi poca técnica.

Poso mis manos sobre tus hombros,
las dirijo hacia tu espalda,
mirándonos fijamente a los ojos,
frente a frente, sin apartar la mirada.

Bajo lentamente a tus caderas,
erizando el vello de tu cuerpo,
que el próximo paso ya esperas,
par dar rienda suelta al desenfreno.

Espera amor, ten paciencia,
y te giro... tu espalda sobre mi pecho,
entreabres tus labios de deseo,
y te aprieto contra mi cuerpo.

Juego subiendo de nuevo,
cierras los ojos y alzas tu mano,
coges mi nuca agarrando mi pelo,
muestras tu cuello y lo muerdo.

Acaricio tu pecho desnudo,
te retuerces de placer con mis manos,
buscas mi boca casi con desesperación,
te la brindo sin ninguna dilación.

Bajo una mano mientras te beso,
pones la tuya sobre la mía,
la agarras con fuerza y firmeza,
que tú misma me haces de guía.

Y así paso las horas, los días,
fantasía de quiero y no puedo,
que deseas y no debes hacerlo...
si yo pudiera... y tu quisieras.