jueves, 1 de octubre de 2009

Cabezón... en japonés.

El otro día, coincidiendo con un aniversario... :), nos invitaron a cenar (muchas gracias por cierto) a un japonés, que dicho sea de paso era precioso. La comida, que en principio era desconocida para mi paladar, estaba buenísima.
Bien es cierto que ya me avisaron que tenían que explicarme primero cómo mezclar los sabores, ya que de lo contrario, no se disfruta del mismo modo. A esto, un buen vino para acompañar a los manjares nipones, el silencio del lugar con música autóctona de fondo y una conversación tranquila con, lo mejor de todo sin duda, la compañía.
Siempre he tenido una especial devoción por el país en cuestión por muchos motivos. Me encanta su arquitectura, su escala de valores, el idioma, el cine y ahora se suma la gastronomía. El manga es que no me va... y menos los que se disfrazan por la calle emulando a sus “héroes” preferidos.
Y mira que los chavales no hacen daño a nadie... vamos que es un movimiento de lo más pacífico y divertido. Hay dibujos realmente espectaculares que hacen que estos chavales empleen más de dos horas en la caracterización en la vida real.
Bueno, pues siguiendo con lo del restaurante, menos mal que se impuso desde el principio que íbamos a cenar pero disfrutando de los sentidos y del tiempo. Y os explico el porqué. Nada más sentarme a la mesa, después de que me presentaran al mètre y hacer una visita turística por el maravilloso local, me encuentro con la opción de tenedor y cuchillo... o los palillos.
Uno de mis acompañantes fue tan amable (la verdad es que éste siempre lo es... y un peligro también ;) ) que me enseñó un cursillo rápido de manejo de palillos, a lo que me dediqué al momento. Tal era mi devoción que ya hacía prácticas con lo primero que veía encima de la mesa... levantando la servilleta... el tenedor... la piedrecita para reposar los mismos palillos...
Como no teníamos ni idea de que pedir, nos dejamos llevar por las sugerencias de los acompañantes, mucho más duchos que nosotros. Nos iban explicando cómo comernos el sushi, las distintas salsas, el shimi-shanga... espera, que no sé si se llamaba así... bueno, ¡y la madre que parió con los nombres de las comidas!
A esto, yo con mis palillos intentando probar algo... y como os dije, menos mal que se impuso lo del tiempo, ¡porque estuve peleándome con los palos y la comida más de dos horas! Tuve nada más que un momento de debilidad (a parte de la sopa de pato) cuando cogí el tenedor y me zampé una especie de espaguetis gordos con carne y verduras, pero al notar el sabor metálico del mismo, volví a los palillos... de ahí, que pienso que más que cabezonería (que la tengo) era más bien la importancia de notar lo máximo posible el sabor.
Moraleja: Aunque me duele la mano, disfruté como un enano... y esto puede llevarse a otros aspectos de la vida... no seáis malpensados, que os veo.

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