viernes, 11 de septiembre de 2009

Toda una vida

Parece mentira que ya hayan pasado 40 años desde que empezó tu estrecha colaboración con el fundador de esta ong. Recordabas que lo conociste cuando aún ni te habías casado. Luego bautizó a tus hijas, tres, hoy día mujeres que las tienes “bien colocadas” según tu forma de pensar.
Hoy vienes a mí a despedirte. La edad tiene eso. Los distintos achaques van minando tu capacidad física... e incluso ya agota la psíquica también. Doblado, tembloroso y con lágrimas en los ojos, me dices adiós y das las gracias por haber conocido a tu “otra familia”.
¿Pero quién soy yo para en nombre de todos agradecerte todo lo que has hecho? Aquellos años en los que, aún siendo trabajador contratado y en los que yo no había nacido, tuviste que poner dinero para sacar adelante proyectos para beneficiar a los mas necesitados. Trabajando en la sombra, donde no hay felicitaciones.
Tus idas y venidas, buscando mecenas para soportar el coste económico de las distintas ongs que tu jefe iba montando. Sablazos, que los llamabas tú. Infinidad de amigos y colegas que fuiste dejando atrás, bien porque era “ley de vida”, bien porque no hubo mas remedio.
Cambios de domicilio, allí donde era necesaria tu aportación. De colaborador, pasaste a ser mano derecha, amigo intimo e incluso niñera de un hombre que pese a ser menor que tú, tenía menos salud... y que finalmente se fue... al ser llamado y que tú echaste tanto de menos.
Ponías las notas de humor, disfrazándote en esos día puntuales de fiesta, para recordar que aunque trabajábamos muy duro, no estaba mal descansar un poco y celebrar todos nuestros logros en esas fechas señaladas... y porque en realidad en el fondo eres un niño pequeño. Piropos a ellas, bromas a ellos.
Si había algo complicado que hacer... allí estabas tú para arreglarlo. Si había que hablar con alguien fuera de nuestro alcance... allí tenías tú un conocido para que le llegara el mensaje. Si faltaba un papel oficial... lo arreglabas en tiempo “record”.
Toda una vida consagrada a los demás... toda una vida trabajando por el prójimo... al pié del cañón. No te vas porque quieres, sino porque ya no te deja la edad... y los tuyos te quieren disfrutar mientras puedan.
Te miro y me veo en ti... es como un espejo que lleva retardo... todos deberíamos observar y valorar lo que fuimos y lo que somos... al fin y al cabo pasa el tiempo y es importante la vida que se va agotando... y es responsabilidad de todos el recordarla y que no pase desapercibida.
“Aquí tienes un amigo” me dices tú... y yo te respondo...“aquí tienes un admirador”.

A Lucas (y a todos estos Lucas de la vida), con cariño y agradecimiento.

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