lunes, 7 de septiembre de 2009

Queridos animalitos

Es curioso que la conducta humana, cuando se vuelve irracional y siguiendo un estado muy primitivo, repite unas pautas muy parecidas a las de los animales. En manada, esto se hace aún más latente. Es el caso de una bandada de pájaros... si el líder cambia de rumbo, los demás lo siguen... si el jefe de una caterva de ciervos se mueve, los demás advierten el peligro y hacen lo propio. Hasta aquí, comprensible e incluso bonito.
Hasta que llegamos, como ya decía, los que la empatamos siempre, la raza humana. Con los últimos hechos acaecidos en Pozuelo, lo que se ve es lo que hay. Cuatro energúmenos lanzan un par de botellas, cuatro piedras y los demás.... pues los demás, lejos de reprochar y señalar a los culpables, se unen a la “fiesta”. A quemar y arrasar.
Bueno, desde que el mundo es mundo, al primer humano que le fascino construir... le llegó otro inmediatamente detrás que le encantaba lo contrario... es que además es más fácil... y así me impongo... “¡unga, unga!”, que traducido resulta, “soy más fuerte, te aguantas”.
Pasada la tormenta, todos nos flagelamos preguntándonos qué es lo que ha fallado en la sociedad, que la culpa es del exceso de alcohol y las altas horas en las que se celebra el “botellón”, que entre los integrantes del suceso había chicos con antecedentes. (gran titular... si es que había más de mil personas...), etc, etc, etc... BLA, BLA, BLA.
Para colmo, el Gobierno echa la pelota en el tejado de los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas... toda esta política barata está muy bien para rellenar los minutos de los informativos y las páginas en prensa... pero la verdad es que hemos creado unos “monstruitos”, señores.
Pues sí. En mis tiempos mozos, el botellón nacía. Se celebraba en un lugar apartado y rara vez ocurría algo que destacar. A ninguno nos dio por quemar un coche de policía... Se bebía alcohol, también hasta altas horas, y no por ello nos dedicábamos a abrirle la cabeza al primero que pasaba con una piedra porque nos pareciera divertido. El Ayuntamiento no tenía un plan especial ni nada por el estilo (es más, esas palabras sonaban a chino), todo lo contrario, recogíamos “nuestras porquerías” antes de irnos al centro.
¿Cual es el problema? Pues la educación. Simple y llanamente... la educación, hijos míos. Sí tu hijo se pasa por el arco del triunfo todo lo que tú le digas, le defiendes delante de su profesor a toda costa desacreditando al mismo... ¿adivina cuál es su siguiente paso?... pues no respetar a la autoridad, que es lo que faltaba.
Claro, como no le has puesto límite en su vida, pues ahí tienes... y después de beber, viene la ¿pastillita o rayita?..., y mira que macho soy (¡unga, unga!) y vamos a divertirnos con los cabrones de los maderos... y si tu hijo no fue el que empezó... seguro que fue el que siguió... en plan manada.

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