martes, 4 de agosto de 2009

Fuera de lugar.

Continuación del relato escrito por Arbatán, Rojo sobre blanco.

Mario estaba exhausto por el trabajo que había realizado esa semana. Su cansancio era evidente. Se había volcado para no tener que recordar a Paola. Los amigos lo sabían, así que propusieron a Mario pasar un fin de semana en la costa, a lo que Mario aceptó.
Aceptó porque tenía que seguir adelante. No podía enclaustrarse. Se había jurado no perder el tiempo lamiéndose las heridas. De todos modos, los amigos tampoco lo iban a dejar en la estacada. Sabían de sus necesidades y preocupaciones... y un cachondeo a tiempo, nunca viene mal.
La noche era perfecta. Corría una ligera brisa que hacía mitigar ese posible calor pegajoso de una noche típica de Agosto. La pandilla, una vez cenada, se fue de marcha. Iban de pub en pub tomando copas y chupitos, gastando bromas, en definitiva, de buen rollo.
Mario, de vez en cuando miraba a su alrededor. Veía a la gente divertirse, hablar, beber, bailar... pero se sentía desubicado. No tenía nostalgia de Paola, pero sí le invadía un sentimiento de cansancio... no por el trabajo... sino por tener que demostrar todo lo que valía desde el principio.
Pereza. Sin duda lo era... y la soledad paradójica entre tanta gente. No tenía ganas de presentarse de nuevo... explicar a qué se dedicaba, o de donde era, lo que le gustaba hacer y lo que no. Sentía que era ya mayor para todo aquello... su diferencia de edad, aunque seguía siendo joven, era grande. Y más que por el mero hecho de la edad... era por las vivencias que había tenido... experiencia que estos “yogurines” todavía tenían que pasar.
Una de las veces que Mario fue al baño, coincidió por tercera vez con una chica en la cola. Sus miradas se cruzaron... y ella le sonrió. Mario dudó unos instantes y en un esfuerzo por su parte, comentó tal coincidencia con la chica, a lo que la típica amiga desagradable responde...
- ¿Que pasa, que controlas cuando meamos?
La chica miró a su amiga con cara de incredulidad. Mario bajó la cabeza y miró al suelo. “Más ordinaria... imposible”, pensó.
- No, nada más lejos de mi intención... perdona si os he molestado.
Mario dio media vuelta y se dirigió a sus amigos. Les pidió que le llevaran a casa. El “después” de una ruptura es siempre difícil... y por hoy, ya había tenido suficiente.

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