miércoles, 12 de agosto de 2009

2009: Odisea en el supermercado II

Llegada la hora de pagar en caja, me dirijo a las mismas y observo que en una de ellas un señor estaba terminando de pasar sus artículos. Cuando llego me percato que había un carro bien apartado y bien detrás, por lo que intuyo que alguien ha debido dejarlo allí mientras iba a por algo, pero que estaba tardando demasiado, dada la distancia. Así que coloco mi carro, me agacho y cuando voy a poner el primer artículo en la cinta, sobrevuela sobre mi cabeza un paquete de bayetas amarillas, de marca blanca, y cae en la cinta. En esto una señora, mayor que no vieja, aparece como por arte de magia y me comenta:
- No, perdona, es que estaba yo.
- Me parece que no, señora, yo ya me disponía a poner mi primer artículo cuando usted a encestado a lo “Gasol” desde unos metros atrás.
- Ya, ¿es que no ha visto mi carro?
- Sí, si se refiere a ese que está a unos metros atrás pero como usted comprenderá no me iba a poner detrás, primero porque no sabía si estaba realmente en cola dada su distancia (con lo que intuyo que no fue a por una cosilla olvidada sino varias), y porque no voy a esperar a que usted vuelva cuando le de la gana.
- Pues eso es lo que hay.
- Pues me parece muy mal. Ya que usted me ha visto, podría haberse esperado.
Y es que parece que cualquiera de nosotros podría venir con el carro vacío, ponerlo en cola e ir buscando artículos hasta que estuviera lleno y entonces decirle al que le tocara lo mismo. ¿Será un regla no escrita que desconozco?
Ella siguió depositando artículos en la cinta con cara de “te aguantas”, y eso que me había ido a la cola de la caja de al lado dejando zanjada la cuestión... así que opté por la ironía y seguía “erre que erre”.
En un momento dado, la mujer abandona unos segundos la caja para coger un carrito de la compra que se suele dejar con un candado en frente de las cajas (en realidad también creo que estaba harta de escucharme).
- Señora, no se preocupe, ¡que yo le guardo el sitio mientras usted aparca el coche!
- ¡....! ¡Oiga, oiga! ¡Pase, pase usted! (me indica con el dedo)
Y en ese preciso momento, es cuando sonreí y le contesté que ya no hacía falta, que ya me tocaba en mi caja.
Moraleja: Ya que te cuelas, que se te caiga la cara de vergüenza y te cueste un poquito, ¿no?

Fin de la segunda parte.

2 comentarios:

  1. ¡Estoy deseando que llegues a la tercera parte,por favor, que sea con la cajera, no suelen tener desperdicio!!!

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  2. Gracias guapa!... no ha podido ser, pero otra vez será...

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