miércoles, 10 de junio de 2009

La estupidez humana

Hoy me ha llegado un hombre a la Asociación pidiéndome unos tenis. Parece ser que le habían robado mientras dormía en mitad de la calle. Venía descalzo, esto es, un calcetín en un pié y en el otro una servilleta de tela de un bar que vete tú a saber de dónde sacó, para poder caminar. Encima, la calle (como os comenté) está de obras, y es de suponer que tuvo que pasar un calvario para llegar.
El hombre, con postura erguida manteniendo su dignidad me dijo que aún sabiendo que era tarde (todos los voluntarios que hacen esta encomiable labor todos los días ya se habían ido), y que interrumpía mi clase, si podría hacer el esfuerzo de buscarle cualquier calzado acorde a su número... si puede ser. Encima educado, pensé yo.
Una vez solventado el problema y haber añadido unos calcetines al susodicho, por aquello de que soltara ya esa servilleta, el hombre me decía que menos mal que estaba abierto y que le hubiera atendido, porque le habían dicho los de la obra que mañana se pasara a ver si tenían algo para él, y claro, no iba a presentarse de esa guisa. Encima trabajador, con esperanzas e ilusión... no si es que te ha tocado “la china”, macho.
Después de agradecernos el favor, nos pidió que le hiciéramos el favor de fotocopiar un par de documentos que necesitaba para arreglar unos temas con la administración. No, si es que encima es responsable. Lo que yo te digo. Que más mala suerte no has podido tener.
Y se fue. Después de todo esto pensé en el que había robado a este hombre y me vino a la cabeza una frase del magnífico Albert Einstein, y cito: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y de lo primero no estoy seguro”. ¿Hasta donde llega la sinrazón? ¿Se puede ser más mezquino? ¿Como se puede robar unos tenis a un chaval que está en la calle tirado?
De verdad, a veces es que simplemente me avergüenzo de pertenecer a la raza humana.

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