lunes, 29 de junio de 2009

Hasta Siempre

Que Farrah Fawcett haya fallecido es una pena. No sólo porque siempre se siente una muerte, sino porque la que se ha ido ha sido todo un icono sexual para la década de los 70 y 80. Para colmo, fallece el mismo día que lo hace Miguel Jacobo, haciendo que su muerte haya pasado un poco desapercibida en los medios. Desde luego, para los que la recuerdan, no.
A mí, con lo de Miguel, me ocurre que tengo un poco el corazón dividido. Si me voy a lo que es el artista, pues la verdad es que ha desaparecido un icono a la altura de los más grandes. Su música rompió barreras y estilos que hasta entonces nadie había creado. Muchas de sus canciones todavía se recuerdan hoy en día, y millones de fans lloran por la pérdida. Todavía recuerdo cuando cantó (y sobre todo cómo bailó) Billy Jean en la gala de la MTV cuando era la primera vez que una persona negra lo hacía en la misma. Impresionante.
Hasta que se le fue la cabeza. Entonces es cuando me voy a la persona, y uno ve que estuvo atormentado durante toda su vida (como casi todo genio). Fue acusado dos veces por pederastia, una no llegó a juicio por un acuerdo de 20 millones de dólares y la otra le absolvieron por no-culpable, que no es lo mismo que inocente, o sea, falta de pruebas. A parte, llevaba años puliéndose el dinero de su renta en sus locuras estéticas y otros, y que no se subía a un escenario desde hace 15. Ahora deja una herencia de deudas y parece que todo el mundo cercano a él quiere “salir por patas”.
Pero como no estamos aquí para juzgar a los demás, que de eso se encargan otros, pues nos quedaremos con el artista y lo que supuso para nosotros sus canciones en nuestra vida.

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