martes, 5 de mayo de 2009

Sacrificio

Unos padres deciden meter a su único hijo en un internado prestigioso. El padre es el encargado de comunicarle la noticia. Quiere lo mejor para él. Quiere que se labre un futuro y que cuente con la máximas oportunidades que pueda ofrecerle. El niño piensa como tal, y cree que su padre no lo quiere. Además, anda preocupado porque ve que los padres no paran de discutir. Pasado el tiempo, la madre enferma. El niño visita a sus padres unos días. No hablan mucho, pero escucha una conversación que tienen los padres sin que ellos lo supieran donde la madre le comenta textualmente al padre: "me vas a matar". Poco después, el niño recibe la triste noticia en el internado. Su madre no pudo con su enfermedad y falleció. Entre los muros del colegio, el niño se encierra en sí mismo...
Se hace mayor y estudia lo mísmo que su padre, derecho, con unas excelentes notas. Su padre, un prestigioso abogado decide darle trabajo y retoman una relación, no exenta de rencores, aunque se tratan con cordialidad. El niño que ahora es hombre no perdona a su viejo padre. Le robó los años en los que podría haber disfrutado de su madre. Esta convencido de que su padre hizo, de manera indirecta, que su madre enfermara porque se sentía sola a causa de su absorbente trabajo, de las discusiones de cada noche, de lo frío que se mostraba... Así que solo hablan de trabajo y cuando su padre intenta, con escasa frecuencia, un acercamiento a modo de cenas, cumpleaños, etc... su hijo inventa excusas.
A modo de "flash-back", el joven padre abogado, de orígenes humildes, iba cobrando prestigio en la ciudad. Sabía que estaba superandose asímismo. Pero en casa las cosas no iban bien. Descubre que su mujer le era infiel. Que a causa de su amante consume todo tipo de drogas y que se daba a la mala vida. El padre, entonces, decidió que su hijo no presenciara cómo su madre se consumía. Decidió que no viera como le abandonaba una y otra vez por su adicción, para sólo volver cuando se sentía enferma o cuando necesitaba dinero. Decidió que no presenciara sus agónicos
días en los que llegaba su fin. Pero antes, en un atisbo de piedad, decidió que el niño debía visitar a su madre para que la viera por última vez. Fué entonces cuando el niño escuchó la fatidica frase que su madre, entre delirios y sin saber lo que decía, pronunciaba. Y que marcaría la vida del chico en contra de su padre.
Y su padre, después de tantos años, no sabe cómo hablarle. Sabe de la devoción que sentía el hijo por su madre. Se siente incapaz de faltar a la memoria de su mujer, porque, hasta el mismo día de su muerte... y aún hoy... su marido sigue amándola como el día en que se conocieron.

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