lunes, 16 de febrero de 2009

La vergüenza y la risa

Este fin de semana hablaba con una amiga y me contaba una anecdota que a su vez le había contado el sujeto que la padeció, y que me gustaría compartirla con todos vds.
Se trata de un compañero de trabajo que le gusta ir a misa temprano todos lo días. Normalmente, súele sentarse en los primeros bancos, ya que la luz ténue y la brillantez del altar de la Iglesia le marean. Ese día en cuestión, se estaba celebrando una misa de difuntos. El hombre, aunque al principio estaba un poco cortado, decide caminar hasta el segundo banco y sentarse respetuosamente para escuchar misa. Cuando el acto terminó, y sin que le diera tiempo, una señora se le acercó y compungida le dió su más sentido pésame. :) Al hombre le invadió la típica "caló" que le entra a uno en el cuerpo, esto es, una vergüenza enorme, y se calla para no herir los sentimientos de la señora, y para no quedar como un tonto sin haberlo buscado. Seguidamente da un paso y se encuentra con el problema de que ¡todas las personas que había en la Iglesia, una por una le fueron dando el pésame! Bueno, no me puedo imaginar la cara de descompuesto que tendría este hombre! En ese momento, es de suponer que el hombre lo pasó muy, muy, muy mal.... pero pasado el tiempo, cuando me lo contaron (y con todos mis respetos al difunto), me pegué una "pechá" de reir que si tuvierais una imagen mía ahora recordándolo en esta entrada, me podríais ver las muelas del juicio!

1 comentario:

  1. Es muy muy bueno, como se le que daría la cara a ese hombre cuando se le ha cercaron todas las personas ha darle el pésame!

    ResponderEliminar